LA IGLESIA CATÓLICA DECLARA EN CISMA A LA FSSPX, EXCOMULGA A OBISPOS Y ADVIERTE A FIELES
El Vaticano respondió con contundencia a la consagración de obispos sin el consentimiento del papa al declarar a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en cisma, excomulgar a sus obispos y sacerdotes y advertir a sus fieles que ellos también enfrentan las sanciones más severas de la Iglesia Católica.
La Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina doctrinal vaticana, fue más allá de las sanciones mínimas previstas por el derecho canónico de la Iglesia para responder a la consagración del miércoles de cuatro nuevos obispos en el seminario de la fraternidad en Écône, Suiza.
La FSSPX fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como una respuesta de rechazo a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II. Los miembros de esta congregación, a menudo denominados lefebvrianos, se oponen firmemente a los preceptos modernos sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y los cambios en la liturgia, manteniendo como pilar fundamental la celebración exclusiva de la misa en latín según el rito tridentino anterior a las reformas conciliares.
Desde su creación, la fraternidad se ha posicionado como un bastión del tradicionalismo, atrayendo a fieles que consideran que las aperturas de la Iglesia han diluido la doctrina original. Esta postura ha provocado fricciones constantes con la Santa Sede, ya que la FSSPX sostiene que las directrices de la década de 1960 introdujeron ambigüedades teológicas.
Durante una misa de cinco horas celebrada el miércoles, a la que asistieron unas 15 mil 500 personas y sus hijos, la FSSPX consagró a cuatro nuevos obispos en abierto desafío al papa León XIV, quien había instado a la fraternidad a posponer el acto en aras de la unidad de la Iglesia.
La FSSPX justifica su proceder amparándose en lo que el derecho canónico denomina un estado de necesidad. Este concepto hace referencia a una situación excepcional en la que, ante un peligro inminente para la salvación de las almas o una crisis profunda en la transmisión de la fe, se considera lícito actuar al margen de la legalidad ordinaria para garantizar la supervivencia de los sacramentos. La fraternidad argumenta que la crisis actual de la Iglesia les obliga a asegurar la continuidad de su sacerdocio y su estructura, considerando la medida como un servicio indispensable para sus fieles alrededor del mundo.
Solo dos de sus cuatro obispos consagrados en 1988 siguen vivos, y el grupo alega que son demasiado mayores para atender a todos sus fieles.
En un decreto, el Vaticano excomulgó a los cuatro nuevos obispos y a los dos que participaron en la ceremonia. Calificó las consagraciones como un «acto cismático» y declaró que la propia fraternidad había creado un cisma, o una ruptura intencional con la Iglesia católica.
El Vaticano advirtió a los fieles que asisten a las misas de la FSSPX que dejen de hacerlo, señalando que «quienes se adhieren formalmente» al grupo son considerados cismáticos y excomulgados. Además, declaró cismáticos a los sacerdotes de la fraternidad y, por lo tanto, excomulgados, lo que invalida los sacramentos de la confesión y del matrimonio que administran.
Las sanciones —especialmente las dirigidas a los sacerdotes, los fieles y a los sacramentos que pueden recibir— fueron particularmente duras y revirtieron las concesiones que el Vaticano había otorgado a la FSSPX en los últimos años como parte de su acercamiento para seguir unida a Roma.
En 1988 el arzobispo fundador de la FSSPX, Marcel Lefebvre, consagró a cuatro obispos sin el consentimiento papal. El Vaticano lo excomulgó de inmediato, así como a los cuatro obispos, y declaró las consagraciones como un «acto cismático».
En 2009, el papa Benedicto XVI levantó las excomuniones al grupo como parte de su proceso de acercamiento de varios años. Pero, hoy en día, la FSSPX no tiene estatus legal en la Iglesia y con el decreto del jueves se declara que está en cisma.
Las consagraciones habían planteado una crisis para León XIV porque el papa estadounidense ha hecho hincapié en la unidad en la institución. Ha tendido puentes, especialmente hacia el ala conservadora y tradicionalista, que en muchos sentidos se sintió apartada durante el mandato de su predecesor, el papa Francisco.
El Vaticano respondió con tanta contundencia en parte porque el grupo supone una especie de amenaza al representar una Iglesia paralela, ultracatólica, anterior al Concilio Vaticano II, que ha crecido en las décadas desde su ruptura inicial con Roma. Aunque representa a un sector marginal de la Iglesia Católica, formada por mil 400 millones de fieles, la FSSPX cuenta ahora con seis obispos, 751 sacerdotes, 264 seminaristas en formación en cinco seminarios, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas que representan a 50 nacionalidades, según sus estadísticas.
En una nota explicativa que acompañó el decreto, el Vaticano señaló que estaba dispuesto, «como una madre cariñosa», a acoger de nuevo en el redil a cualquier fiel de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Pero no creó ninguna entidad vaticana específica para recibirlos, limitándose a indicar que los embajadores del Vaticano en todo el mundo establecerían procedimientos para que los obispos locales los siguieran.
Aunque la FSSPX está fuera de comunión con Roma, muchos otros tradicionalistas católicos amantes de la misa en latín permanecen en comunión con la Santa Sede. Habían estado observando atentamente para ver cómo respondería el Vaticano de León a las consagraciones de la FSSPX y se sorprendieron por la dureza de las sanciones.
En su homilía durante las consagraciones del miércoles, el sacerdote Davide Pagliarani, superior de la FSSPX, también insistió en que las consagraciones servían a León y a la Iglesia.
«Se nos acusa de no respetar al papa», dijo Pagliarani. «Pero es precisamente porque amamos al papa como vicario de Cristo, como cabeza de la Iglesia, que no queremos ver al papa humillado nunca más, del lado de falsos pastores que representan falsas religiones».

