7 de octubre de 2026
Cultura / Sociedad

DANTE DESPUÉS DE 700 AÑOS; DOS ARTISTAS VUELVEN A IMAGINAR SU INFIERNO

Más de siete siglos después de que Dante Alighieri imaginara su descenso al Infierno, sus condenados, paisajes y castigos continúan apareciendo en el arte. La razón quizá esté en que el Infierno de Dante nunca fue solamente un lugar habitado por monstruos y pecadores: también fue una manera de representar los conflictos, los miedos y las contradicciones de la sociedad.

Esa capacidad de sobrevivir al paso del tiempo es el punto de partida de “El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg”, exposición de la Fundación Canal que reúne por primera vez las dos series completas que Gustave Doré y Robert Rauschenberg dedicaron a la primera parte de la Divina comedia.

La muestra reúne 111 piezas realizadas con casi un siglo de diferencia y desde dos lenguajes artísticos muy distintos. Las 76 xilografías de Doré, creadas en el siglo XIX, dialogan con las 35 litografías offset de Rauschenberg, publicadas durante la década de 1960. El resultado es una oportunidad para observar cómo cambia nuestra manera de representar el mal, el sufrimiento y la sociedad cuando cambia la época.

El viaje de Dante por el Infierno

Para comprender la exposición hay que regresar al origen de todo. Dante Alighieri escribió la Divina comedia a comienzos del siglo XIV, una obra monumental dividida en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso.

En la primera, el poeta realiza un viaje imaginario por el Infierno acompañado por Virgilio, poeta de la Antigüedad romana que funciona como su guía. El recorrido lo lleva por diferentes círculos en los que los condenados reciben castigos relacionados simbólicamente con sus pecados.

Aunque con frecuencia se habla de los “nueve círculos del Infierno”, la estructura de Dante es más compleja y está organizada en distintos niveles y zonas que clasifican los pecados según su gravedad. En ellos aparecen personajes históricos, figuras mitológicas y contemporáneos del propio poeta.

Esta combinación convirtió al Infierno en algo más que una descripción religiosa del más allá. Dante utilizó su viaje para hablar de la política, la corrupción, la traición, la violencia, el poder y las pasiones humanas. Por eso el Infierno ha logrado sobrevivir a su época. Cada generación puede reconocer en él algunos de sus propios conflictos.

Doré: un Infierno monumental y oscuro

Uno de los artistas que más contribuyó a construir la imagen moderna del Infierno de Dante fue Gustave Doré, ilustrador y grabador francés del siglo XIX.

Sus imágenes presentan un mundo oscuro, monumental y dramático. Las figuras humanas parecen diminutas frente a paisajes enormes y amenazantes, mientras las sombras, las ruinas y los cuerpos condenados convierten el viaje de Dante en una experiencia casi cinematográfica.

Doré trabajó principalmente mediante la xilografía, una técnica de grabado en la que la imagen se talla sobre una plancha de madera para después imprimirla. El procedimiento permite conseguir fuertes contrastes entre luces y sombras, algo que el artista aprovechó para construir la atmósfera sombría de su interpretación.

Sus 76 xilografías incluidas en la exposición muestran un Infierno que parece pertenecer a un pasado remoto, poblado por criaturas, condenados y paisajes de dimensiones casi sobrenaturales. Pero esa apariencia medieval también habla del siglo XIX: Doré no estaba simplemente copiando las palabras de Dante, sino construyendo su propia visión del poema para los espectadores de su tiempo.

Rauschenberg: el Infierno entra en el siglo XX

Casi un siglo después, Robert Rauschenberg se enfrentó al mismo texto desde una perspectiva completamente diferente. En lugar de reproducir literalmente los escenarios descritos por el poeta, Rauschenberg construyó imágenes fragmentadas a partir de fotografías, dibujos y referencias visuales procedentes de su propio tiempo.

El artista estadounidense, una de las figuras fundamentales del arte contemporáneo del siglo XX, realizó en la década de 1960 una serie de 34 litografías offset sobre el Infierno de Dante; la exposición de la Fundación Canal presenta 35 piezas de esta serie.

La diferencia es fundamental.

Mientras Doré parece llevar al espectador hacia el mundo imaginado por Dante, Rauschenberg hace que el Infierno regrese al mundo moderno. Sus imágenes incorporan elementos de la sociedad contemporánea y convierten el poema medieval en una herramienta para reflexionar sobre la época del propio artista.

El Infierno deja entonces de ser únicamente un lugar situado después de la muerte. Puede convertirse también en una metáfora de la sociedad.

El encuentro entre ambos artistas permite comprobar por qué la obra de Dante continúa siendo tan fértil para el arte. Doré y Rauschenberg no pertenecen a la misma época, no utilizan las mismas técnicas y tampoco representan el Infierno de la misma manera. Sin embargo, ambos encontraron en Dante una estructura suficientemente poderosa para hablar de su propio presente.

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