BENEFICIOS AMBIENTALES DE LA BIOCONSTRUCCIÓN
La industria de la construcción es uno de los mayores culpables de la contaminación global. Según el Informe Global de Estatus para Edificios y Construcción 2024/2025 de la ONU, este sector genera 37% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en el mundo y consume 40% de la energía mundial, además de que produce dos mil millones de toneladas de residuos de construcción y demolición anualmente, agotando recursos naturales como arena, grava y agua.
La bioconstrucción es una alternativa real y democratizadora para que los miembros de la sociedad logren tener una vivienda digna y más armónica con su entorno. Parte de un diseño holístico que incluye analizar el sitio, el clima y las dinámicas de la comunidad para crear hogares armónicos. Una ventaja clave es el uso de materiales locales y naturales, como tierra, madera, bambú o cal. Estos recursos son de bajo impacto, a diferencia del cemento y el acero, que emiten 8% de las emisiones globales por el uso intensivo de energía en su producción y transporte. Construir con tierra cruda, como en adobe o tapial, reduce la huella de carbono hasta en un 90% comparado con bloques de concreto. Estos materiales no requieren cocción industrial, reduciendo el consumo de combustible fósil y evitando la deforestación masiva que la industria convencional provoca.
Otro beneficio es la eficiencia energética. Las bioconstrucciones incorporan aislamiento natural, como paredes de tierra que regulan temperatura sin aire acondicionado. Las viviendas bioconstruidas priorizan la captación de luz solar y la ventilación cruzada, promoviendo confort con menor consumo energético. Esto no solo disminuye emisiones, sino que fomenta la autosuficiencia, integrando huertos y captación de lluvia para reducir la presión sobre acuíferos sobreexplotados.
Pero quizá lo más destacable es la circularidad: los materiales son biodegradables y reutilizables, minimizando con ello el desperdicio y la producción de residuos. Mientras la construcción tradicional genera montañas de escombros tóxicos que contaminan suelos y ríos, la bioconstrucción cierra ciclos, devolviendo nutrientes a la tierra al final de su vida útil.
No somos dueños del planeta, somos parte de él; bioconstruir genera convivencia y resiliencia comunitaria, como en las ecoaldeas en Oaxaca, que nos demuestran cómo estas técnicas preservan la biodiversidad atrayendo polinizadores y evitando la fragmentación de hábitats a causa de la urbanización.
Además, la bioconstrucción democratiza el acceso a una vivienda digna y sana, reduce costos a largo plazo al eliminar dependencias de insumos costosos, y mejora la salud al evitar compuestos volátiles de pinturas sintéticas. En un mundo donde el cambio climático agrava sequías e inundaciones sería conveniente reorientar currículas universitarias hacia estas prácticas para transformar a la industria de la construcción de villana ambiental a aliada de la sostenibilidad. Es un acto de humildad: elegir la armonía sobre la dominación. Adoptar la bioconstrucción no sólo mitiga la crisis, sino que nos reconecta con la naturaleza, ofreciendo un futuro habitable para todos.
Sobre la autora
Alejandra Caballero Cervantes, coordinadora el Centro de Capacitación y Experimentación en Bioconstrucción y Vida Sana, dentro del Proyecto San Isidro: educación permanente, S. C.
Para saber
Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.

