MESSI RESUCITA A ARGENTINA CON UN GOLAZO ANTE MÉXICO

Hay que ser muy bueno para hacer lo que hizo Lionel Messi en el estadio Lusail. Bajo la presión de todo un país y la mirada del mundo, con la eliminación rondando por la cabeza de la albiceleste en un partido nervioso y trabado hasta límites insoportables, sobresalió el fútbol encarnado por ese futbolista único.

Con 35 años y aferrado a su último Mundial, Messi lo hizo. Sí, lo hizo. Desencalló un partido imposible. Agarró un balón en la frontal del área y lo transformó en gol como solo él sabe hacerlo. Le pegó raso, fuerte y pegado al palo, como si en su cerebro se dibujara la trayectoria antes del impacto. Lo había hecho antes cientos de veces, pero tocaba hacerlo de nuevo, por la supervivencia de su equipo, que se ahogaba, carente de fútbol y atenazado por los nervios. Qué tipo Messi.

Después del 2-0 ante México (la sentencia fue obra de Enzo Fernández, los dos goles llegaron en la segunda parte) Argentina se clasificará para octavos de final ganando a Polonia. Incluso empatando le podría valer.

Más allá de la luz de Messi Argentina fue una selección oscura y de poca vistosidad. Comparada con Francia, Brasil o incluso España, da la impresión de ser un grupo sin mucho vuelo. Las favoritas parecen jugar a otra cosa, son más pulcras y más organizadas, se les identifca con un plan. A Argentina se la ve sufrir todo el rato. Menos mal que tiene a Messi.

El partido fue horroroso, en especial su primera parte. Ese periodo podría resumirse sin apenas emplear palabras y el lector no se perdería nada. El plan de juego de Argentina fue un misterio, se supone que por el estrés aunque la calidad quizás también la exageraron un poco antes de venir.

La albiceleste formó de inició con hasta cinco cambios, señal de que le gustó poco a Scaloni lo que vio de su equipo contra Arabia Saudí. En eso compartió opinión con más de medio planeta. Las caras nuevas, sin embargo, no surtieron efecto alguno, si acaso empeoraron las cosas. Al menos frente a los saudíes fueron capaces de generar ocasiones de gol.

Contra los mexicanos, en los primeros 45 minutos, se contabilizaron córners como grandes éxitos pero en realidad solo hubo una posibilidad real en el recuento de peligro real: una falta lateral lanzada por Messi desde la derecha que obligó a Ochoa a sacar los puños.

Los mexicanos, por su parte, salieron a escena mejor, más animosos y determinados, pero se fueron difuminando y confundiendo con sus rivales, compitiendo de igual a igual en el festival de horrores. Cada pase hilvanado con intención era un pequeño milagro y en el cómputo de jugadas de gol, una sola también: una falta en el balcón del área lanzada por Vera a la que respondió Dibu Martínez con una protocolaria palomita.

La atmósfera en la grada y la tensión en el césped se imponían con mucha diferencia al juego. Sobraba testosterona y se echaba de menos algo de cerebro. Una primera jugada anticipó que el partido sería de choque y pocas luces: Vega se zafó de Montiel golpeándole en la cara. Fue una primera reyerta sin más complicaciones, pero la tensión era tremenda también en la grada, donde extrañamente convivían ambas aficiones, ruidosas como pocas veces en un estadio. Una dura entrada de Araújo a Acuña, que fue amarilla pero rozó el color rojo, certificó que los futbolistas no estaban para tonterías. Tampoco para jugar al fútbol.

Argentina se ahogaba a sí misma empeñada en entrar por el centro, embarullada. A Messi, muy vigilado en la zona de tres cuartos, apenas se le veía. Al descanso se llegó con la entrada de Gutiérrez por Guardado y con Montiel dándole la bienvenida al recién ingresado con un patadón. Tarjeta del color del partido, amarillento, pálido.

La reanudación trajo más juego duro. Arrancó con otra amonestación, esta vez para Gutiérrez, que frenó una galopada vertical de Messi, la primera, con una inevitable zancadilla. El diez tiró la falta, pero le salió horrible, a las nubes. Como el día de Arabia. Se enfadó.

Se fue detectando a partir de ahí una ligera mejora de Argentina, con Messi más activado e incisivo, obligando a México a acularse, inclinando por fin el campo del lado albiceleste. Scaloni dio entrada a Julian Álvarez y retiró a Lautaro. Y segundos después Messi soltó el pie y batió a Ochoa, celebrándolo a la antigua, a lo Tardelli, con las venas del cuello explotándole. La sentencia la puso Enzo Fernández con un tiro de rosca. Argentina reía. Por primera vez en este Mundial. Gracias a Messi.