ISABEL II: IMPORTANCIA Y SIGNIFICADO HISTÓRICO DE SU JUBILEO DE PLATINO

Jubileos de plata, rubí, oro, diamante, zafiro y platino: Isabel II los ha vivido todos y los ha celebrado casi todos, ya que los de rubí y zafiro se hicieron sin grandes fastos. Ahora, ante el Jubileo de Platino, el Reino Unido se prepara para una fiesta sin precedentes con cuatro días de eventos con el reinado de Isabel II como protagonista, todas las miradas puestas en el Palacio de Buckingham y eventos repartidos por todo el país y los territorios de la Commonwealth. Del 2 al 5 de junio arranca una celebración única ya que por primera vez en la historia una soberana británica cumple 70 años en el trono. ¿Qué simbolizan estas celebraciones en torno a su vida y cómo se aplican al escenario actual?

Casualidad o no…

Comencemos (solo un poco) por el Antiguo Testamento donde los años de jubileo que se celebraban cada siete años tenían un fin práctico, el de dejar descansar la tierra tras las cosechas. Con el tiempo, estos años «sabáticos» fueron cogiendo mayor significado porque se extendió la creencia de que Dios sería particularmente generoso durante ese año. Volviendo a la actualidad se puede considerar que las cosas no han cambiado demasiado, puesto que la Familia Real británica sigue siendo uno de los grandes activos del país en términos económicos y de imagen. Los acontecimientos en torno a su vida –como son las bodas o este jubileo que se retransmiten en directo a todo el mundo- terminan inyectando dinero a un país que se convierte en el centro de atención.

Por otro lado, en la Iglesia Católica Romana, los jubileos son años de perdón de los pecados y de reconciliación. Casualidad o no, Isabel II (que es anglicana aunque menciona estos orígenes religiosos para explicar el nacimiento de esta tradición) ha usado su año exactamente para lo mismo. La soberana británica no quería que nada empañara sus 70 años de reinado y comenzó cerrando (a golpe de chequera) la vinculación del príncipe Andrés con el Caso Epstein, una redención que completó cuando el príncipe entró del brazo de su madre en la Abadía de Westminster con motivo del Servicio de Acción de Gracias por el fallecido Duque de Edimburgo. Ahora, es el turno de los duques de Sussex. Harry y Meghan estarán en el Reino Unido para celebrar el Jubileo de Platino junto a Isabel II y el resto de miembros de la Familia Real, para los que no siempre han tenido palabras amables. Es esta, por tanto, la ocasión para hacer las paces tras la guerra que se desató en marzo de 2020 cuando la pareja anunció su decisión de dar un paso atrás en la monarquía británica.

Superando las cifras de la reina Victoria

La realeza británica comenzó a hacer suyas estas fiestas en 1809 durante el reinado de Jorge III y entonces ya incluía una gran fiesta, fuegos artificiales, una recepción en el ayuntamiento de la Londres y una Misa de Acción de Gracias en la Catedral de St. Paul; un programa que recuerda mucho al que se ha preparado para Isabel II. Sin embargo, si alguien popularizó los jubileos esa fue la reina Victoria, un icono nacional y la que había tenido el reinado más largo (casi 64 años) hasta que Isabel II, su tataranieta, pulverizó su record con estos 70 años de reinado.

La reina Victoria, un símbolo de fortaleza, independencia, longevidad, férreos valores y arraigo a la institución, celebró los jubileos de oro y diamante para marcar los 50 y 60 años de reinado. Su jubileo de oro (20 y 21 de junio de 1887) comenzó con un desayuno en Frogmore, una de las residencias reales que se encuentra en los terrenos reales de Windsor, donde tiene su residencia oficial el príncipe Andrés y también la tuvieron los duques de Sussex durante el breve periodo que sirvieron al Reino Unido tras su boda. La reina Victoria desayunó bajo los árboles en el lugar en el que ya descansaban los restos de su marido, el príncipe Alberto. Luego cogió el tren de Windsor a Paddington para celebrar en el Palacio de Buckingham un banquete real al que asistieron reyes y príncipes extranjeros, autoridades británicas y jefes de gobierno de los entonces «dominios de ultramar». Después de un banquete con servicio de oro, la Reina y sus invitados se trasladaron al salón de baile donde tocó la banda real.

Al día siguiente la reina Victoria se embarcó en una procesión real en un carruaje abierto tirado por seis caballos hasta la Abadía de Westminster y escoltada por la caballería de la India, hay que recordar que también se había anexionado el título de Emperatriz de la India. Los británicos llenaron las calles y al regresar al Palacio se asomó al balcón para saludar a la multitud. Curiosamente el escritor y periodista estadounidense Mark Twain (creador de los universos de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, además de un viajero incansable) estaba entre esa multitud y lo dejó por escrito, contó que había personas en todas las direcciones hasta los límites que da la vista. Esa misma noche la reina Victoria repartió broches a la familia, cenó con el cuerpo diplomático y terminó el día mirando los fuegos artificiales que se lanzaron desde el jardín en su honor.

Diez años después, concretamente el 22 de junio de 1897, la reina Victoria comenzó su Jubileo de Diamante con una procesión a la Catedral de St. Paul, donde se celebró un breve servicio religioso tras continuar recorriendo las calles más emblemáticas de Londres, el Puente de Westminster y las Casas del Parlamento. «Nadie, creo, se ha encontrado como una ovación como la que me han dado a mí. Los vítores eran ensordecedores y los rostros transmitían verdadera alegría, me sentí conmovida y gratificada», escribió esa noche la reina Victoria. Esa celebración fue revestida con la máxima solemnidad, pero llevó un ritmo más breve y relajado puesto que la soberana ya se encontraba algo débil, aunque no murió hasta enero de 1901.

El padre de Isabel II, el rey Jorge VI, nunca celebró un jubileo

Ya en la era de Isabel II hay que remontarse a 1977 para recordar cuál fue su primer jubileo como protagonista, fue el de plata cuando se cumplían sus 25 años como jefa del Estado. Por aquel entonces su reinado estaba ya consolidado a base de sobrevivir a turbulencias políticas, sociales, religiosas, morales y familiares (y las que le quedarían) pero esta celebración no fue su primera toma de contacto. Siendo niña, la entonces princesa Isabel, hija mayor de los duques de York, junto a su hermana, la princesa Margarita, formó parte de la procesión real durante el jubileo de plata de su abuelo, el rey Jorge V, que se celebró en 1935.

Entonces tanto ella como sus padres, los duques de York, llevaban una vida cómoda, como suele ser la de los miembros de la realeza que no están llamados a ocupar una posición prominente en el futuro. Un año después se precipitó todo y la vida de la princesa cambió para siempre. Su abuelo murió meses después de esta celebración y fue entonces cuando su tío fue proclamado rey. Eduardo VIII defendió la la Corona solo 326 días y renunció a ella para casarse con la estadounidense dos veces divorciada Wallis Simpson en diciembre de 1936. De esta forma inesperada llegó al trono el padre de Isabel II, el rey Jorge VI, que falleció a los 56 años, una muerte prematura para lo que es la legendaria longevidad de los Windsor. Su reinado duró solo 15 años, así que nunca llegó a celebrar un jubileo; su hija, en cambio, ha celebrado seis.

El próximo jueves 2 de junio y durante cuatro días las calles de Londres se volverán a llenar de gente con un programa que también incluye celebraciones en los países de la Commonwealth y otros territorios británicos de ultramar. En líneas generales para Isabel II se han creado unos fastos que reproducen los patrones de sus predecesores, como el servicio religioso en la Catedral de St. Paul o la Procesión Real, pero también incluyen actos más acordes a los tiempos, con plantaciones de árboles multitudinarias o tratando de involucrar a los ciudadanos. Es el caso de las fiestas del domingo, que promete llenar las calles, parques y plazas de todo el país con británicos listos para homenajear las siete décadas de reinado de Isabel II, una cifra que será muy difícil de superar en el futuro (dada la longevidad de la Reina) al menos en los reinados a corto plazo.