ARTE RUSO, CONDENADO AL OLVIDO POR LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

El día de hoy se cumplen tres semanas exactas desde la medianoche turbia en la que Rusia se adentró a territorio ucraniano por medio de las armas.

Desde entonces, la comunidad internacional ha sacudido al país de sanciones administrativas, legales y económicas, pero también se ha recurrido a otro recurso controversial: se le está dando la espalda a la cultura y artes rusas.

Las tensiones de la guerra ponen en una situación complicada a los artistas rusos, más allá que estén a favor o no de las políticas exteriores de Putin: la realidad de su nacionalidad es motivo suficiente para generar recelo, desconfianza y desprecio.

Si Rusia se ha destacado por algo, es por su cultura. Por su literatura colosal, sus músicos legendarios, sus pintores virtuosos que han definido épocas y que son un paradigma indiscutible para los artistas de todo el mundo. No obstante, el conflicto iniciado por Putin en Ucrania pareció una condena inmediata para la cultura rusa, con el mundo occidental orillando su arte al olvido.

De acuerdo con Jane Duncan, de la prestigiosa universidad de Johannesburgo, esta postura reciente puede resultar peligrosa si no se define qué es lo que será censurado: bien se puede condenar a artistas rusos que estén en contra de Putin, o incluso a algunos que hicieron su obra cuando ni siquiera existía Putin. Pues, como comenta, las censuras culturales son exitosas “porque pueden tener un alto impacto psicológico».

Rusia vs Ucrania: la guerra de Putin pone en aprietos a los artistas rusos

Este parece ser el caso, con ciertos sectores de la comunidad artística tomando decisiones apresuradas, o presionando a los artistas rusos para que se pronuncien de modo definitivo ante el conflicto. Ejemplo de esto es la filarmónica de Zagreb, que removió de su repertorio a Chaikovski, y la Ópera de Polonia, que decidió interrumpir la producción de la obra “Bóris Gudunov” de Modesto Músorgski. Tanto Chaikovski como Músorgski vivieron en el siglo XIX.

Otro caso reciente, y también polémico, tuvo lugar en la universidad de Milán: la institución pretendió suspender de sus cursos el estudio de la famosa novela “Crimen y Castigo”, del ruso Fiódor Dostoyevski, y que es considerada una de las obras cumbres de la literatura universal.

La universidad de Milán retrocedió en su tentativa ante la respuesta negativa que obtuvieron en redes sociales, y más aún por su desatino: el mismo Dostoyevski fue exiliado a Siberia, por considerársele un disidente del régimen zarista.

Rusia vs Ucrania: ¿es válida la cancelación artística?

Consciente del terreno irresponsable en el que se puede caer con esta postura de cancelación a la cultura rusa, Deborah Borda, Directora ejecutiva de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, aclara que no está en sus intenciones aislar a artistas sólo por ser rusos, sino a todos aquellos que tengan sus posturas políticas inclinadas a favor de la guerra.

Lo mismo opina Roselyne Bachelot, ministra de cultura francesa: «no queremos ver a representantes de las instituciones rusas o artistas que apoyan claramente a Vladimir Putin.»

La situación comienza a pesar en el ánimo de los artistas rusos. Hace unos días, incapaz de elegir entre dos patrias que considera como suyas, el director de orquesta Tugan Sokhiev abandonó su puesto en la orquesta de Toulouse.

«En vez de utilizarnos a nosotros y a nuestra música para unir a las naciones y a la gente, nos han dividido y aislado», compartió, denunciando que los artistas rusos han sido víctimas de la cultura de la cancelación. «Los músicos somos embajadores de la paz».

La postura de Jane Duncan, de la universidad de Johannesburgo, parece profética y triste. Pues advierte que aislar y condenar al olvido con el fundamento y el pretexto de la nacionalidad, podrían llevarnos “a un lugar oscuro y difícil».