NUEVA NOVELA HABLA SOBRE LAS RELACIONES CONSTRUIDAS EN PLATAFORMAS COMO TINDER

Una fractura amorosa no propicia la extinción inmediata de los recuerdos, porque somos la suma del pasado. De eso se culpa a la memoria y a las reminiscencias de lo vivido, tal como se demuestra en Mañana tendremos otros nombres, la octava novela de Patricio Pron (Rosario, Argentina, 1975), con que obtuvo el Premio Alfaguara 2019.

En esta narración los protagonistas son una pareja cuarentona —ella arquitecta y él escritor— que viaja sobre el carril de la incertidumbre cuando el autor —considerado uno de los más agudos y reflexivos de su generación— plantea una simple pregunta: ¿qué pasaría con esas personas si terminaran su relación amorosa en un momento en que aplicaciones como Tinder define el nuevo ideal amoroso rodeados de filtros?

Pensemos que hay un nuevo consenso en torno a las relaciones amorosas y a lo que éstas deberían ser. Se menciona Tinder, aplicación que ofrecen a las personas una forma de contactar con alguien de manera rápida e indolora”, detalla el también autor de No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles.

Pero cuando estableces un match en esta aplicación, comienzas a chatear con esa persona y lo que haces es determinar qué vas a hacer, cómo lo vas a hacer y cuántas veces, todo lo cual constituye la negación de la experiencia amorosa, y lo más interesante de ella es todo aquello que pasa que tú no sabías que iba a pasar, todo aquello que no sabías que la otra persona traía consigo y todo aquello que desconocías de ti mismo en relación con la otra persona”.

En esencia, la novela nos expone que existen nuevas relaciones amorosas en donde todo lo que va a pasar ya se sabe de antemano, y en medio hay un gran temor a lo insospechado y una nueva visión de los sujetos como mercancías que pueden ser optimizadas, mediante el uso de filtros específicos; es una puesta en escena que pone de manifiesto en sus perfiles virtuales lo que las personas dicen acerca de sí mismas”.

Sin embargo, la inmersión de una persona en estas plataformas no lo lleva a experimentar un amor más artificial, asegura el autor. “Todo amor es el resultado del consenso entre dos personas y, por consiguiente, tiene algo de artificial”.

Asegura que no se trata de exponer una lectura negativa de esas búsquedas que nacen de un factor virtual, aunque reconoce que en cada relación con estas características ha observado una profunda incomunicación.

He observado que esas herramientas de comunicación entre personas producen gran incomunicación y esto se pone de manifiesto en la vida de los personajes que recurren a esas herramientas habitualmente.

Esto propicia que los personajes de la novela se tropiecen a menudo con mensajes soeces, con fotografías de penes o toda una suma de agresiones verbales o visuales que algunos interpretan como formas de seducción. No soy necesariamente negativo en relación con ellas, pero tampoco soy inocente en relación con sus aspectos más dañinos”.

¿Diría que es una novela parcialmente autobiográfica?, se le cuestiona. “Cuando escribes sobre la intimidad de los personajes lo haces desde la propia, que es la que mejor conoces. Sí, hay mucha de esa intimidad propia y algunas de mis opiniones en los personajes, pero no es un libro autobiográfico”.

Y apunta: “Las novelas, la mayor parte de las veces, son oportunidades que el autor se otorga para pensar acerca de algunas cosas, provocando un proceso en el marco de su escritura para arrojar algunas reflexiones. Sin embargo, ésta no es una novela moralista que le diga a las personas cómo deben amar, sino una narración que procura responder algunas preguntas que se hacen un puñado de personajes.

IDEAL AMOROSO

Patricio Pron asegura que en todas sus novelas anteriores ha abordado como tema central la constatación de que en el presente tenemos mucho pasado. “Porque las transformaciones que hoy se producen en el ámbito de las relaciones amorosas han complicado los vínculos con el pasado y la memoria”.

Y esas transformaciones, apunta, giran en torno a temas esenciales y poco discutidos como el consentimiento y la seducción, así como las líneas rojas entre hombres y mujeres que no podrían cruzarse, al filo de movimientos como el #MeToo.

Todo esto impone un nuevo ideal amoroso que parecen convertir la forma en que amamos y somos amados en este momento, que es algo muy distinto al pasado, a la manera como lo experimentaron nuestros abuelos y nuestros padres”, añade.

Así que los personajes tienen una enorme dificultad para comprender cómo es que sus padres pensaban en el amor, debido a que estamos sometidos a condicionantes económicos y políticos muy distintos y estamos inmersos en un mundo en donde determinadas aplicaciones nos muestran las nuevas formas de amar”.

Esto significa que ya no hay un solo final feliz para las historias de amor, sino tantas como personas involucradas hay en una historia. “Uno podría pensar en el final feliz de los cuentos para niños donde se afirma que ‘fueron felices y comieron perdices’, pero ahora hay muchos finales más y formas distintas de comerse las perdices”.

Por último, quien fue elegido por la revista Granta en 2010 como uno de los mejores escritores jóvenes en español, afirma que la escritura es un ejercicio que le permite convertir un vicio privado —el acto de mentir— en algo parecido a una virtud pública. “La idea es que las mentiras de uno sean creídas por otros, aunque de forma más específica, en mi caso, (publicar novelas) es una voluntad para animar charlas que no se están produciendo y, en el marco de esas conversaciones, mi posición como escritor es la que menos importa, sólo la de alguien que escribe un libro para que sea apropiado por los lectores”.