MURALES DEL CENTRO SCOP NO SON ADORNO, ACUSAN

“Es un acto criminal”, sentencia el muralista Ariosto Otero y voltea para señalar los andamios sobre los que trabajadores desmontan los paneles con piedras multicolores que conforman el conjunto muralístico del Centro SCOP. Desde hace un par de semanas comenzaron las labores para desarmar las obras que fueron el sello distintivo del sitio desde 1954. Ayer, el grupo denominado En Defensa del Patrimonio Artístico del Centro SCOP protestó para exigir que se detengan los trabajos y para demandar que se les informe sobre el futuro que tendrán los más de cinco mil 400 metros cuadrados de obra mural.

El arte público, el muralismo de México no les importa. Aquí está la historia de México, del mundo prehispánico, de las comunicaciones; son murales narrativos como lo es el muralismo mexicano, hay toda una historia que se comunica entre todos los edificios. Si los desmantelan, pierden ese diálogo y la única forma de recuperarlo sería volver a hacer las mismas torres y colocarlos en la misma posición, lo cual es absurdo”, advierte Otero.

Los denunciantes, al menos unos 60 intelectuales e interesados en el arte y el patrimonio cultural, piden respuesta a las autoridades: al secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, le reenviaron una carta, el 2 de octubre pasado, solicitando información sobre los trabajos y diálogo para discutir el futuro de las obras ; también entregaron, el miércoles pasado, una carta a Javier Jiménez Espriú, quien será el nuevo encargado de la dependencia en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En la misiva le piden intervenir para detener las obras y consultar a la comunidad académica y científica antes de decidir el destino de las mismas.

Los inconformes también demandan que el nuevo presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Sergio Mayer, presente un punto de acuerdo para detener la fragmentación de las obras, y solicitan que los encargados de la cultura en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México fijen una postura. Por medio de otra misiva, que fue firmada por artistas como Adolfo Mexiac, Guillermo Ceniceros, Miriam Kaiser, Armando Bartra, Alberto Híjar, Elena Poniatowska y Juan Villoro, entre otros, el Instituto Nacional de Bellas Artes aceptó reunirse con el grupo el próximo lunes

El destino del conjunto mural del Centro SCOP, creado por artistas como José Chávez Morado, Juan O’Gorman, Arturo Estrada, Rosendo Soto y Guillermo Monroy, entre otros creadores, quedó marcado tras los sismos de septiembre del año pasado. Las afectaciones a los edificios provocaron que se comenzara a hablar de demolición de todo el conjunto y de una segunda intervención a los murales, que ya habían sido afectados en 1985. Tras el silencio de las autoridades, los planes fueron avanzando, pero sin mucha información.

De acuerdo con los inconformes, Bellas Artes autorizó el desmontaje de los paneles del edificio A, el más afectado, pero la empresa CAV Diseño e Ingeniería (que lleva a cabo los trabajos) labora en el edificio B. Desde los alrededores, sin embargo, se observan andamios en torno a todos los edificios. El grupo En Defensa… dice que la intención es llevarse los murales al nuevo aeropuerto, que ya se construye, de acuerdo con un proyecto del arquitecto Fernando Romero y el artista Pedro Reyes (este último, crítico de la alteración del paisaje en el Espacio Escultórico), que ya fue presentado en una exposición.

UNA PLAZA PÚBLICA

Otero dice que la mejor opción para los murales sería conservarlos en el sitio, que puede ser transformado en una plaza pública. “Lo que proponemos realmente es que aquí se construya una plaza pública. ¿Por qué más centros comerciales? ¿Por qué más edificios de departamento? Ellos lo ven como magníficos tapetes para decorar otro espacio diciendo: ‘Los salvamos’. No se trata de salvarlos, sino de la permanencia histórica narrativa y épica de lo que significa un mural; no son simplemente decoración. No tiene sentido llevarlos a otro espacio, porque se perdería la narración, se rompe el conjunto que va contando cada espacio; si se cortan en cachitos, se vuelven cosas decorativas y esto no es así”, sostiene.

El grupo, liderado por Jesús Ismael Vega, ha recibido además el apoyo del Consejo Académico del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) y también cuentan con una opinión desfavorable al desmontaje por parte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Dicen que para llevar a cabo las obras, jamás se llamó a los expertos del Centro Nacional de Conservación y registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) y que las labores de desmontaje se iniciaron antes de la autorización de Bellas Artes.

Además, afirman que las bodegas que, se dijo, servirán para resguardar los paneles desmontados aún no han sido construidas y que la fecha de tres meses que la empresa CAV señaló para llevar a cabo las labores es precipitada. El conjunto muralístico fue montado en los edificios de dos formas diferentes: los primeros cinco pisos están integrados por placas de concreto colado sobre los que se formó el mural con piedras de colores recogidas en todos los rincones del país; más arriba, los paneles —de un metro por un metro— son más ligeros y fueron soldados a la estructura de hierro.

Leopoldo Best, hijo de Jorge Best —quien se encargó de la colocación de los paneles—, dice: “Si quieren tirar, que tiren lo que sea necesario, pero que también reconstruyan lo que es necesario y vuelvan a ponerlo como el monumento que es, pero que no lo fragmenten. Lo que están haciendo es rapiña cultural, se están llevando algo como si llegaran a una exposición, se lo quieren llevar. Esto es parte de un concepto que se llama ‘integración plástica’, que integraba historia en los muros, arte para que la gente se educara”.

El destino del conocido conjunto mural del Centro SCOP, creado por artistas de la talla de José Chávez Morado, Juan O’Gorman, Arturo Estrada, Rosendo Soto y Guillermo Monroy, entre otros, quedó marcado tras los sismos de septiembre del año pasado.