LUPITA PÉREZ ARIAS: CELEBRANDO 100 AÑOS DEL NACIMIENTO DE UNA VOZ INMORTAL

Con una voz diáfana y pulcra, Lupita Pérez Arias ha conquistado el corazón de niños y niñas por generaciones al interpretar las canciones de Blanca Nieves y La Bella Durmiente en los doblajes canónicos en castellano, hoy se conmemoran 100 años de su nacimiento, ya que nace en Guanajuato, Guanajuato, el 19 de Agosto de 1921, en el Barrio del Jardín del Cantador, fue la hija más pequeña del matrimonio formado por Don Rafael Pérez Villafaña, ex algodonero de Torreón, Coahuila y Doña Natalia Arias de Pérez.

Su padre, al ser empresario, radicó en diversos estados de la República, uno de ellos Durango, donde la pequeña Lupita vivió parte de su niñez, para llegar a la ciudad de México en 1935, año en que intentó entrar por primera vez al conservatorio, apenas terminada la educación básica, pero fue rechazada por su corta edad y no fue aceptada hasta 1938. Ahí hizo sus estudios bajo la dirección de los maestros: David Silva, Ángel R. Esquivel, Fanny Anitúa, Manuel Rodríguez Vizcarra, Manuel M. Ponce, Daniel Castañeda, Juan León Mariscal, Candelario Guisar, entre otros, obteniendo el título correspondiente de CANTANTE DE ÓPERA.

Su padre fue quien la impulsó a estudiar esta carrera, pues era amante de la voz femenina, además de que gustaba de tocar la mandolina, Lupita entró al conservatorio junto con sus dos hermanas: Natalia y María Teresa, quienes eran sus únicas amigas dentro de dicha institución, ella recuerda en una entrevista:

“Fue muy curioso porque era muy difícil entrar al Conservatorio, cuando yo entré éramos una generación de cerca de 300 alumnos, pero los estudios completos los terminamos sólo dos, mi amiga Miguelina Alanís y yo. Eran tiempos muy difíciles, había que echarle ganas para terminar, a los jóvenes de ahora les interesa ganar el dinero demasiado rápido y creen que con las facilidades que tienen y lo poco que han estudiado, están capacitados para conquistar fama y fortuna, sin considerar que lo primero es hacer carrera. Esto implica muchos sacrificios, renunciaciones, entrega absoluta al arte y, sobre todo, amar a la música, de ello se desprende todo lo bueno que se vaya haciendo, y a la larga bien vale la pena cualquier sacrificio, porque se reciben tantas recompensas y satisfacciones.

Cuando era niña nos las vimos duras, mi papá era muy andariego, durante un tiempo mi mamá fue portera de un edificio ya casi en ruinas donde como parte del pago nos dejaban vivir ahí, había que salir adelante como fuera, anduvimos viviendo en varios lugares mis hermanos y yo, hubo una época en que vivimos por la calle de Artículo 123 y para sobrevivir vendíamos comida en las oficinas cercanas, yo ayudaba en el negocio familiar, luego nos fuimos a una casa por Tacubaya, que fue cuando entré al Conservatorio, como no teníamos dinero para comprar planillas del tranvía, sólo nos alcanzaba para la ida, nos regresábamos mis hermanas y yo todos los días caminando desde el Conservatorio, que en ese tiempo estaba en la Calle de Moneda, hasta la casa en Tacubaya, recuerdo mucho que nos íbamos por la calle de Tacuba y pasábamos por el Café Tacuba, a mi hermana Ma. Teresa se le iban los ojos al pasar frente a las vitrinas y al ver todo el pan, pero no podíamos comprar nada por la falta de dinero. Para mí fue difícil seguir estudiando, porque después mis hermanas se vieron en la necesidad de dejar los estudios para entrar a trabajar, una de mis hermanas entró a trabajar en una fábrica de guantes, y yo me angustiaba de no poder ayudarlas y pensé en un momento también dejar los estudios, pero no me lo permitieron, así que continué, con más ganas, para cuando me gradué en 1948, con mi primer sueldo, ¡invité a mi hermana Ma. Teresa al Café Tacaba!.”

Su trascendencia en la historia de la Ópera en México es fundamental, pues fue Fundadora de “La Academia de la Ópera”

 “La Academia de la Ópera fue fundada por el Maestro Eduardo Hernández Moncada, Humberto Mugnai, Guido Picco y Ángel R. Esquivel, fue aproximadamente en 1946, se fundó con el fin de ir fogueando a los alumnos, poco antes de ésta se hicieron “Cuadros de Ópera,” en el cual interpretábamos distintas arias, se hacían en el Banco Capitalizador de Ahorro, que estaba ubicado en la calle de Venustiano Carranza, en la Ciudad de México.

Para La Academia de la Ópera montamos óperas completas en el Palacio de Bellas Artes, yo participé en tres, primero fue La Finta Giardiniera, donde hice mi debut profesional, después siguió El Matrimonio Secreto y El Orfeo las tres fueron dirigidas por el Maestro Moncada, para mí las tres fueron pruebas de canto, para sacar el título de Cantante de Ópera, lo cuál conseguí en 1948. La Adacemia siguió y nosotros seguimos estudiando ahí por algunos años más, después se hizo Internacional y empezaron a invitar artistas extranjeros.

Cuando me gradué en el 48, entré al Coro de Madrigalistas, el cual dirigía Luis Sandi, un poco más tarde, participé nuevamente en Bellas Artes en La Creación de Hydn. Casi después de graduarme, nos juntamos Guadalupe Luna, Enriqueta Martínez y yo, y formamos el Trío Arcoiris, lo llamamos así por la variedad de música que interpretábamos, cantábamos principalmente música semiclásica, nos presentábamos en radio en estaciones como la XEW y la XEQ, pero al poco tiempo tuvimos nuestras diferencias por un mal entendido, ya que se me ocurrió aceptar un trabajo como solista en Guadalajara, lo cual causó la molestia de mis compañeras y terminamos mal, pues me fueron a aventar mi ropa y mi música, también la pasé mal en la Ópera, pues me empezaron a hacer política, lo cual hizo que me retirara un tiempo, pues De Fabritis me quitó mis papeles por dárselos a Cristina Trevi, fue entonces que decidí irme a Europa por primera vez en 1955 e hice mi primer gira de conciertos, allá está el movimiento más técnico y más intenso del mundo. Hay más oportunidades que en ninguna parte del universo, pero también la competencia es más exagerada. Allá sólo triunfan los mejores.”

“Aproximadamente para 1956 me encuentro al Maestro Moncada y recuerdo muy bien que me dijo: Lupita yo creo en usted, quiero que regrese a la ópera, y me invitó a participar en Gianni Schichi,, yo tenía mucho miedo de hacerlo, pero lo hice, de ahí regresé a la ópera y seguí ininterrumpidamente, pues pasé a formar parte del elenco principal de Bellas Artes, tanto para la Ópera Nacional, como para la internacional.

La ópera que en la que más veces participé fue en “La Bohemia” tanto haciendo a la Mimí, como a la Musseta. Canté junto con Di Stephano, Roberti y Legabue. Para 1959 decidieron poner una ópera inédita, así que decidieron poner Los Diálogos de las Carmelitas de Poulenc, fue una especie de experimento se puso para ver si pegaban y a ver si pasaba a ser una de las clásicas, pero no gustó mucho que digamos, la adaptación corrió a cargo del Maestro Moncada, él mismo fue quien la dirigió y yo hice el papel de Sor Constanza, la dirección escénica corrió a cargo de Seki Sano, estrenamos en octubre del 59. Poco tiempo después viajé para Estados Unidos y estuve radicando un tiempo en Philadelphia, junto con Aurora Wodrow , allá hice una Carmen, interpretando a la Micaela.

Más tarde en ese mismo año me fui a Paris becada por el IFAL y allá canté la Bohemia en la ópera Cómica”

Pero quizá todo mundo la recuerde más por su participación en los doblajes de “La Bella Durmiente” y “Blanca Nieves”

“La Bella Durmiente la grabamos en los Estudios Churubusco en 1959, fue antes de “Los Diálogos de las Carmelitas”, a mí me invitó el Maestro Moncada, que fue quien me llevó con Edmundo Santos, que era éi quien se encargaba de dirigir y adaptar, él fue quien me contrató, sin embargo, no era la primera vez que participaba en doblaje, pues ya habíamos hecho algo antes, precisamente con el Señor Santos, recuerdo que era una película alemana de marionetitas que estaba basada en la ópera “Hanssel y Gretel” de Humperdinck. Para “La Bella Durmiente”, grabábamos de noche, como solista fueron sólo dos canciones y nos dirigió el Maestro Moncada, a mí me pidieron que fingiera la voz para que fuera acorde con la de la muñequita, que en la historia se supone que tiene 16 años; habrá sido más o menos entre julio y agosto de 1959. No participé en los coros, sólo hice un contracanto en una parte que se llamaba “El Don de la Voz”, pues se supone que era la voz que tendría la princesita de grande, y esa era yo.

Era una masa coral monumental, se reunía a todos en los Estudios Churubusco. Fue muy pesado, pues en durante el día teníamos ensayo de “Los Diálogos de las Carmelitas” y por la noche grabación, nos habrá llevado poco más de una semana, pues eran doblajes muy cuidados.

“Sé que les voy a romper la ilusión, pero mientras grababa, yo no pensaba en el “Príncipe Azul”, estaba muy atenta de la partitura y de la boquita de la muñequita, cuidaban mucho la parte técnica, así que estaba más concentrada en no equivocarme, que pensar en el “Prícipe Azul”, quien por cierto dio voz Alejandro Algara, pero nunca grabamos juntos.

La Bella Durmiente tenía una música preciosa, basada en el ballet de Tchaikovsky, recuerdo que nos dijeron que la pista la habían grabado en Alemania y venía un cuarto de tono más bajo.

Más o menos 5 años después, me llamaron para hacer “Blanca Nieves”, y de nuevo me invitó el Maestro Moncada. Estas sesiones también fueron extenuantes, pues recuerdo que grabábamos en unos estudios sobre Avenida Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, y de ahí me tenía que salir corriendo a presentarme en el espectáculo de Katina Ranieri, el Señor Ortolani decía que nosotros éramos el éxito de su espectáculo. En este doblaje el Príncipe era Jorge Lagunes, pero él grabó sus piezas aparte.

Para mí en ese momento sólo fue trabajo, y es increíble que la mayoría de la gente es por lo único que me conoce, se me vienen a la mente las palabras de un señor que estaba durante las grabaciones. Era un extranjero que me dijo: con esto va a ser famosa. Y no había tomado conciencia, hasta ahora, pues me llegan cartas de mis admiradores de toda América Latina y España en la cual me felicitan por estos dos doblajes y me hace sentir muy halagada, pero yo no quiero que me recuerden sólo por dos películas, me gustaría que me recordaran más por mi carrera en la Ópera.”

Lamentablemente, por cuestiones de pago de regalías, estos dos clásicos se redoblaron a principios de los dos miles, sin embargo, son las versiones más recordadas y queridas por el público.

Su carrera multifacética le permitió aparecer en otras películas clásicas prestando su voz cantante al “Hada de los Bosques” en las películas clásicas del cine mexicano de “Caperucita”.

La Maestra Pérez Arias fallece de una embolia el 17 de febrero del 2005 trascendiendo a la inmortalidad, pues ella misma decía que las grabaciones eran una “maravilla”, pues habían capturado un momento en el tiempo en la que se encontraba en la cúspide de su carrera y que vencerían al tiempo, el espacio y hasta a la misma muerte, pues cuando ella ya no estuviera físicamente, bastaría escucharlas y que ahí estaría su voz para “abrazarnos” y hoy celebramos 100 años de su nacimiento.