+488 882 9100 Miércoles 18 de Octubre de 2017

LA HISTORIA DE ROSA, LA MUJER DECEPCIONADA


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Por: Bernardino Llamas

Lo que la gente cuenta, hace unos días nos llegó un mensaje por vía wasape, una vecina de la comunidad de La Cabra a unos kilómetros de Matehuala, rumbo a Cedral SLP, nos compartió una escalofriante historia. Dice María, que en el seno de la comunidad existe una vieja finca que algún día fue parte de la Estación de paso del Ferrocarril, comenta que fue en los años 80s, cuando La Cabra tenía buena actividad, la gente vivía de la vendimia, algunas mujeres se dedicaban a la venta de comida, algunos animalitos y los hombres al campo.
Dice María, que luego del cierre de la actividad ferroviaria, la gente se quedo sin actividad, la economía fue baja, poco había para comer, algunos hombres decidieron apostarle a la suerte se fueron a los Estados Unidos, otros se sumaron a la escasa actividad de la industria y el comercio en Matehuala, algunos al campo en Cedral, lo importante es que los vecinos de La Cabra, continuaron con su vida cotidiana.
EL MISTERIO
Viene cuando una noche de otoño, acercándose el mes de Octubre, una luna llena, iluminaba el pueblito, algunos presenciaban el gran “queso” que formaba esa frondosa luna de Otoño, algo iba a suceder, dijo María, nunca antes había visto un resplandor en el cielo, “como que alguien le había puesto luz a la luna, hasta se podía ver el solar de la vecina”, dijo María.
Esa noche María, tuvo la necesidad de salir a la calle, eran como las 9:00 de la noche, camino hasta casi llegar a la Pila del Agua, muy cercas del lugar donde algún día fue una oficina de despacho del ferrocarril, recuerda María que siendo una joven, acompañó a su mamá a vender gordas y refrescos, actividad que les permitió vivir bien, nunca supieron de una crisis.
Esa noche deambulaba, como que algo le anunciaba, un encuentro con algún fenómeno sobrenatural, ella ignoraba que en la vieja finca, había un rayo luminoso que le llamaría la atención, María, caminaba rumbo a la vieja vía, se detuvo intempestivamente, como sonámbula, siguió el reflejo, era tan fuerte como el faro de un ferrocarril, se detuvo y entró a la vieja estación, caminó hasta la parte trasera de la casona, fue en la último cuarto, donde encontró a un anciano, vestía pantalón de mezclilla, botas de trabajo y una camisa de la misma tela del pantalón, portaba cacucha y lentes oscuros. Le dijo a María siéntate, no temas, soy don Pedro, viví muchos años cercas de esta finca, hoy necesito que me ayudes, no puedo dejar este mundo hasta cumplir mi última voluntad, María respondió, “ Y porque seré yo su guía para que descanse en paz, sencillo respondió don Pedro, hace muchos años, yo tomaba mucho, no tenía familia, mi esposa falleció antes de los 80s, mis hijos nunca me frecuentaron, sólo quede, mi vida era triste, los días de pago consumía más alcohol que de costumbre, yo tuve un viejo amor, ella se llamaba Rosa, era una joven mujer hija de don Porfirio y de doña Romula, ella, me frecuentaba, me veía sólo, me arrimaba comida y café, así vivimos varios años, pero algún día le rompí su corazón, le confesé que no podía corresponder a su amor, ella era muy joven, yo le dije que yo era un viejo cansado, que no tenía porque vivir años esclavizados, yo era un enfermo, no tenia luz de vida, ella se decepcionó y rompió en llanto, pasaron los días y no volví a verla jamás, una tarde de Octubre, corría la noticia, esa joven mujer llamada Rosa había muerto, se colgó por decepción, no soporte la tristeza y decidí suicidarme, siempre tuve una arma debajo de mi cama, sabía que algún día la usaría”.
María la escuchó y al final le dijo, “yo que puedo hacer por usted, te pido que vayas hasta el píe de aquel frondoso mezquite, saca el dinero y dáselo a la familia de Rosa, se lo merecen, sólo así podre partir de este mundo, me remuerde la conciencia de haber hecho infeliz a una tierna mujer”. María hizo lo que le pidió don Pedro, entregó la relación a la familia de Rosa, ella vive en paz y don Pedro jamás volvió a la vieja finca de la estación del ferrocarril. Hoy La Cabra, guarda esa historia de una joven mujer que se enamoró de un viejo ferrocarrilero, por cierto la gente de La Cabra nunca supo los orígenes de don Pedro, solo se supo que llegó del sur de San Luís Potosí, otros decían que en sus pláticas de parranda, decía que Zacatecas era su pueblo natal. Hoy esa vieja finca del ferrocarril, guarda los misterios que por años vivieron los viajeros del ferrocarril que corría al norte de México.

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