DÍA DE MUERTOS: MÉXICO HONRA A SUS DIFUNTOS

Como parte de las festividades por el Día de Muertos, el Zócalo de Atlixco, Puebla, se colocó un tapete monumental con más de 40 mil plantas de flor de cempasúchil.

En un espacio de mil 600 metros cuadrados se recrearon las figuras de una serpiente, la cabeza de un águila y cuatro calaveras.

“Fue un trabajo que duró toda una semana y 30 manos atlixquenses que contribuyeron”, dijo Miguel Ángel Cordero, director de turismo de Atlixco.

En las comunidades de indígenas mayos, en el sur de Sonora, la noche del Día de Muertos es una fiesta iluminada por miles de veladoras y cirios. Al amanecer se retiran los alimentos y las flores de papel para despedir las almas de los difuntos.

En el Zócalo de la Ciudad de México, la mega ofrenda por el Día de Muertos rinde tributo a los migrantes.

En Zapotlanejo, Jalisco, se presentó a “La Catrina” más grande del mundo en el Festival de Día de Muertos, que este año estuvo dedicado a Francisco Gabilondo Soler, “Cri-Cri”.

“La Catrina” mide más de 22 metros de altura.

DÍA DE MUERTOS, UNA CELEBRACIÓN CON RAÍCES PREHISPÁNICAS PROFUNDAS

La Secretaría de Cultura recordó la importancia del Día de Muertos, una de las tradiciones prehispánicas más profundas, representativas y arraigadas, que se celebra en todo el país los días 1 y 2 de noviembre.

Debido a su gran colorido y sincretismo en algunos grupos étnicos de México, destacó, esta festividad fue declarada en 2008 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Esta ceremonia dedicada a los muertos no sólo incluye la mezcla de tradiciones precolombinas y católicas, sino también la diversidad de expresiones sustentadas en la pluralidad étnica, cultural y lingüística de México.

La dependencia federal explicó que estas expresiones populares se transmiten de generación en generación, y toman significados diferentes de acuerdo a la comunidad donde se realiza, aunque generalmente es el regreso de las ánimas de los difuntos.

De acuerdo con las regiones maya, nahua, zapoteca y mixteca, estos días son muy importantes en la vida ceremonial y festiva de los pueblos indígenas, así como en la identidad, cosmovisión y vida social comunitaria, abundó.

Esta celebración, expuso, representa un momento sagrado y privilegiado de reencuentro del ser humano con sus ancestros, además da una oportunidad de convivencia con los integrantes de su comunidad.

Además, puntualizó, contiene una riqueza cultural, la cual se puede encontrar en las creaciones artísticas que músicos, pintores y poetas mexicanos han generado

De acuerdo con las creencias populares, añadió, el 1 de noviembre se dedica a recordar a los niños difuntos, mientras que el día 2 a los fallecidos en edad adulta.

La ofrenda o “altar de muertos es una de las acciones más representativas de esta celebración, la cual se compone de pan de muerto, calabaza en tacha y platillos que en vida fueron de la preferencia del difunto, entre otros elementos que lo integran”.

De igual manera, abundó, se usan flores de cempasúchil, papel picado, objetos artesanales, velas, calaveras de azúcar y sahumadores en los que se quema el copal, que representan en el imaginario colectivo un lenguaje simbólico y colorido para recordar a los antepasados.

El Día de Muertos también incluye el adorno de tumbas o la elaboración de altares sobre las lápidas, lo que tiene un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino tras la muerte, indicó.

Además, la Secretaría de Cultura añadió que las familias esparcen pétalos de flores de cempasúchil para facilitar el retorno de las almas a la tierra, y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde la casa al cementerio.