30 AÑOS BUSCANDO A WALLY

Rescatar al individuo del anonimato al que lo condena la sociedad moderna; demostrar a los jóvenes que, a pesar de ser parte de una multitud conservan su identidad y valía; y despertar el espíritu aventurero, la concentración, la observación y la imaginación en niños cada vez más sedentarios.

Estos son algunos de los objetivos que inspiran ¿Dónde está Wally?, afirma la editora Cecilia Barragán sobre la publicación creada por el británico Martin Handford (1956) y que llega a su 30 aniversario “con plena vigencia y muchas historias que compartir con sus lectores”.

Dibujado por primera vez en 1986 –al año siguiente se publicó la primera historia–, Wally es un joven viajero que viste con pantalón de mezclilla, lentes, camisa y gorra con rayas rojas y blancas y botas de explorador. Y lo primero que hace es invitar a sus fans a que lo acompañen a recorrer el mundo. “Mi lema es encontrar siempre nuevos destinos”, advierte en una de sus historias este personaje que lleva siempre un bastón y carga consigo una tetera, un martillo, una taza, una mochila, una bolsa de dormir y otra de cuero, unos prismáticos, una cámara, lentes para bucear, cinturón y una pala.

Con todo lo que podría necesitar a cuestas, Wally recorre no sólo distintos países y geografías, sino diferentes épocas de la historia; es decir, viaja por el tiempo y por el espacio y aparece siempre rodeado de multitudes.

“Su figura sigue vigente, a pesar de haber sido creado hace tres décadas. Ha desafiado el tiempo, es ya un personaje icónico y fuerte. Creo que sólo le falta un celular y sus audífonos para verse más moderno”, comenta la gerente de Infantil y Juvenil de Ediciones B.

El reto es buscar a Wally y a sus amigos Wenda, el mago Barbablanca, a su perro Woof y a Odlaw, su opuesto que porta un vestuario con rayas negras y amarillas y un pequeño bigote. Todos perdidos o escondidos entre personas haciendo cosas en escenarios como la ciudad, la playa, el bosque, la montaña, una pista de esquí, la estación de un ferrocarril, un aeropuerto, un campo de atletismo, un museo, un barco en pleno mar, la selva, un bazar o una feria.

“Se ha convertido en un auténtico fenómeno global. Creo que su éxito se debe a que combina el juego con el hecho de contar historias a través de imágenes”, explica la editora sobre esta iniciativa lúdica que ha vendido más de 67 millones de ejemplares en 28 países.

“Era una marca que apelaba al público juvenil en general, no precisamente a los niños, sin embargo, son éstos quienes se han enganchado”, agrega. De Wally ya se han fabricado calcomanías, cómics, videojuegos, rompecabezas, libros de actividades, una serie de televisión y hasta una película.

“Lo atractivo, además del reto que representa encontrar a Wally, es que es un libro para compartir, pues puedes buscarlo en compañía de amigos, así es más divertido perderte por los callejones de una ciudad o descubrir qué animales hay en una selva”, añade.

En movimiento

El mensaje inicial de Handford es muy claro: la gente debe moverse, mantenerse en acción, hacer siempre algo. Por esta razón, sus escenarios están repletos de personas que arreglan su automóvil, caminan, juegan, corren, comen, pintan la fachada de su casa, pasean a sus perros, manejan, cruzan avenidas, van en bicicleta, entran a un edificio, escriben a máquina, conversan, ven televisión, nadan, cazan, se saludan o simplemente se asoman a la ventana.

“Detrás de cada imagen detallada hay una historia profunda: bomberos rescatando una casa del peligro, ancianos que arrojan granos a las palomas en las azoteas o chicos nadando en las fuentes de su barrio. Esto le imprime muchas dimensiones a la búsqueda”, indica.

Dice que ¿Dónde está Wally? (Where is Wally?) tardó una década en llegar a México y Latinoamérica y que ahora existen 12 títulos en librerías; entre los que destacan ¿Dónde está Wally ahora?, El libro mágico, El viaje fantástico, Hollywood, A la caza del cuadro escondido y En busca de la nota perdida.

Otra particularidad de la publicación es que a pesar de las posibilidades que ofrecen los formatos digitales, se sigue disfrutando más en el libro impreso, que exige un acercamiento detallado y paciente de las figuras y escenarios.

“Fue pensado en un formato cómodo para disfrutar la búsqueda y la lectura y su diseño acertado, los indicios que da, no dependen de una moda pasajera. Verlo físicamente resulta entrañable. Es bueno saber que no todo puede transportarse al mundo digital”, concluye.

Wally invita a los lectores del siglo XXI a viajar con él a la era de las cavernas, a ver la construcción de las pirámides de Egipto, los juegos de la antigua Roma, los últimos días de los aztecas, las costumbres de los vikingos, las guerras del Japón antiguo, navegar con los piratas, ir a una fiesta a París, ser parte de la fiebre del oro o extraviarse en el futuro.